La teoría sociológica que se habrá de exponer para explicar la conducta homosexual hace uso de la teoría psicológica de los valores expuesta en el  libro “Hacia una Reformulación de la Psicología Contemporánea:  La Teoría de los Senergicones” de Walter H. Bruckman.  Esta teoría explica la conducta humana como resultado de una programación anímica que tiene su origen en la instalación de valores sociales en la psiquis de los individuos.  En  específico, explica cómo los valores determinan la formación de las actitudes de los individuos y cómo esta formación de actitudes determina a su vez la conducta.

 

Aparte de la teoría de los senergicones, las otras teorías de naturaleza psicológica o sociológica que tratan de explicar la conducta sobre la base de los valores son las de Ralph Linton expuesta en su libro “Cultura y Personalidad”, la de Robert K. Merton expuesta en su ensayo “Estructura Social y Anómia” y la de Leon Festinger expuesta en su libro “A Theory of Cognitive Dissonance”.  La "Teoría de los Senergicones” es la única teoría de naturaleza psicológica y sociológica que es completa en cuanto a la forma en que los valores determinan la conducta humana.  Las demás teorías trata el tema de manera tangencial.

 

Aparte de las teorías psicológicas o sociológicas sobre la forma en que los valores, las ideas y las creencias regulan la conducta humana, existen las teorías filosóficas sobre los valores para explicar la conducta.  La axiología es la rama de la filosofía que trata ese tema.  Para efecto de nuestro propósito de explicar la conducta homosexual, descartamos las teorías filosóficas sobre los valores y sólo habremos de emplear las teorías de naturaleza psico-sociológicas.

 

 

¿Qué Son Los Valores Sociales y Cómo Determinan el Comportamiento de los Pueblos?

 

La forma en que los valores regulan la conducta de los seres humanos es un aspecto bastante impreciso en la teoría sociológica.  En La Teoría de los Senergicones, anteriormente citada, se explica la forma en que los valores regulan la conducta.  Aunque este no es el sitio para disertar sobre el tema, se tratará de ofrecer una explicación breve basada en dicha teoría.

 

Un valor se define como la clasificación de un objeto concreto (por ejemplo, una persona que comete un delito) o abstracto (por ejemplo, la honestidad) en términos de dos categorías posibles, bueno o malo, positivo o negativo.

 

 

La valorización la puede hacer la sociedad o el propio individuo.  El individuo aprende un valor por el simple medio de adquirir conocimiento de ello.  Pero este simple hecho no implica que el individuo tenga el valor según la concepción general de lo que tener valores significa en el lenguaje común.  Por tener valores se entiende comúnmente el actuar en función de ellos.  Ese actuar en función de los valores (actitudes) no es voluntario ni racional u objetivo, como se podría creer, sino involuntario e irracional o subjetivo, en el sentido de que los individuos se ven compelidos como por fuerzas o estados anímicos internos (emociones, sentimientos o estados afectivos) que los obligan a actuar en función de los valores que se tienen (actitudes). 

 

La determinación del valor por el individuo o la sociedad, en su origen, puede provenir de un acto racional de observación o de reflexión sobre la observación que al llevarlo a establecer una relación de causa y efecto lo conduce a valorizar el objeto negativa o positivamente.  No obstante, una vez establecido el valor e instalado en la psiquis del individuo deja de ser un elemento racional de orientación de la conducta y se convierte en un elemento automático (actitud) que orienta la conducta sobre la base de la activación de estados emocionales y afectivos y, por lo tanto, se convierte en un elemento irracional o subjetivo de la conducta.

 

Vemos, pues, que hay una diferencia abismal entre conocer los valores y tener valores.  El individuo que tiene valores va más allá del simple hecho de aprender los valores, es decir, aprender la forma en que los objetos son valorizados en términos de malo o bueno.  El individuo que tiene valores se diferencia del que no los tiene o del que los conoce, en términos de ser prisionero de ellos, o de los estados anímicos que estos le producen, y en términos de no ser libre de actuar en contra de ellos (actitud).  Así, pues, un policía que tiene instalado en su psiquis los valores abstractos de ser honesto y ser justo, le resultará difícil dejar ir a un prisionero a cambio de dinero pues sentirá la emoción vergüenza, ansiedad, desagrado, autoestima baja.  Por la misma razón no permitirá que otro oficial lo haga, pues sentirá ira, coraje ansiedad.  Lo mismo ocurrirá con el fiscal, el juez, el oficial de custodia en las cárceles, etc..  Un policía que no tiene instalado en su psiquis estos valores no sentirá vergüenza de aceptar soborno, así como ningún otro estado emocional negativo o desagradable.  El sabe que aceptar soborno, ser deshonesto y ser injusto con la víctima del delincuente es malo, pero al no tener instalado el valor en su psiquis, no reaccionará emocionalmente ante su violación.  Tampoco sentirá ira si ve que otro oficial acepta el soborno.

 

Debemos diferenciar, pues, entre el individuo que tiene valores y el que conoce los valores.  Todo individuo miembro de una sociedad conoce los valores, pues la sociedad, a través del proceso de socialización, se encarga de enseñarle lo que considera malo y lo que considera bueno.  No obstante, no todo el mundo en la sociedad tiene valores y, más importante aún, no todo el mundo tiene el mismo conjunto de valores.  Sólo el proceso de socialización que comienza en la niñez y la juventud a través de los grupos primarios, especialmente los padres, los amigos, el maestro, el sacerdote o ministro, etc.  y que continúa en la adultez a través de las instituciones que definen el aparato de justicia criminal (policía, tribunales, sistema carcelario, etc.) y el cual va más allá de la simple comunicación (pues envuelve coacción) es capaz de inculcar los valores hasta que quedan instalados en la psiquis del individuo.  Es entonces que los valores, debidamente instalados, tienen la capacidad de producir emociones y estados afectivos, y es entonces que podemos decir que el individuo tiene valores.  La violación del valor producirá vergüenza, desagrado, sentimiento de culpabilidad y el cumplimiento del valor producirá orgullo, agrado, regocijo.

 

El individuo que tiene valores se encuentra, pues, con respecto a ellos, dentro de una cárcel anímica invisible.  Es una cárcel pues no es libre de hacer lo que quiera.  Está impedido, incapacitado de actuar de determinadas formas.  Las emociones y estados afectivos desagradables le impiden hacer o actuar contrario a la forma en que ha sido programado anímicamente (actitud).  Por otro lado, las emociones y estados afectivos agradables le incitarán a actuar de determinadas formas.  Los policías, fiscales, jueces, y oficiales de custodia que son extraídos de una población con valores, tenderán a tener valores instalados en su psiquis en la misma proporción en que se hayan instalados en la población.  En consecuencia, el sistema de justicia criminal funcionará en la medida en que la población tenga valores instalados en su psiquis.

 

 

¿Cómo Funcionan las Actitudes?

 

Las actitudes, costumbres, hábitos son el resultado conductual de la reacción de un individuo ante un objeto (concreto o abstracto) como consecuencia de la presencia de un valor evocado por el objeto.  Si el individuo tiene valores instalados sobre un objeto, la presencia de ese objeto valorizado producirá una emoción, lo que a su vez genera una actitud ante el objeto.  Por ejemplo, el objeto abstracto honestidad produce la emoción vergüenza cuando se viola el valor y se actúa deshonestamente.  Produce la emoción ira o coraje cuando el que viola el valor es otra persona.  La existencia de la actitud requiere, no solamente la enseñanza de los valores, sino de la inculcación (instalación) de los mismos en la psiquis de los individuos, de manera que puedan responder emocionalmente ante su violación.   Cuando el valor “ser honesto es bueno” está instalado genera una actitud (comportamiento) de no actuar deshonestamente debido a que le producirá vergüenza, desagrado y ansiedad.  Además cuando se trata de que otra persona viole el valor genera una actitud (comportamiento) de impedir que otros actúen deshonestamente debido a que le producirá ira, coraje, rechazo.  Mientras más apego tenga la sociedad a los valores básicos y fundamentales de su cultura, menor será el grado de anomia social en esa sociedad.  Es decir, menor será el grado de corrupción en esa sociedad, menor el nivel de impunidad ante la ley, etc..

 

 

¿Cómo se Instalan los Valores?

 

Lo anterior explica sucintamente qué son los valores y cómo éstos determinan la conducta en los seres humanos.  Queda todavía la pregunta ¿cómo se instalan los valores en la psiquis del ser humano? Nuevamente entramos en territorios poco firme.

 

La forma en que se instalan los valores es algo que también no está claramente establecido en las teorías sociológicas y psicológicas.  Si bien se insinúan algunas respuestas, no se hace en forma explícita.  El antropólogo norteamericano Ralph Linton en su clásico libro "Cultura y Personalidad" Fondo de Cultura Económica, México 1967, Págs. 117-120.,  establece:

 

Para nuestros fines, valor es todo elemento, común a una serie de situaciones, que es capaz de suscitar en el individuo una respuesta encubierta, y actitud es la respuesta encubierta suscitada por dicho elemento.    …………………………………………………El valor y la actitud juntos forman una configuración de estímulo-respuesta que denominaremos sistema de valor-actitud.  Una vez alojados en el individuo, estos sistemas actúan automáticamente y, en su mayor parte, por debajo del plano consciente.    …………………………………………

 

La importancia funcional de los sistemas de valor-actitud radica fundamentalmente en su contenido emotivo.  La conducta que no esté de acuerdo con el sistema del individuo provoca respuestas de temor, cólera, o por lo menos de desaprobación, ya se trate de su propia conducta o de la de los demás.  Si un sujeto ejecuta un acto contrario a algunos de sus propios sistemas de valor-actitud ya implantados en él experimentará un gran trastorno emotivo tanto antes como después, y en la mayoría de los casos tendrá esa misma reacción aún cuando sepa que la acción no merece castigo.  Esta perturbación disminuirá al repetirse el acto, pero reaparecerá con toda nueva situación que implique el sistema en cuestión.  Igualmente, los actos de otros que sean contrarios a algunos de estos sistemas provocarán respuestas emotivas, aunque no amenacen al individuo.    ……………………

…………………………………………………..

 

Ese significativo que muchos de los sistemas de valor-actitud que comparten y trasmiten los miembros de las sociedades, sean más importantes para el bienestar de la comunidad que para el del individuo.    …………….El individuo acepta esos sistemas deseables, pero desventajosos desde el punto de vista personal, como resultado de las recompensas sociales que provienen de la incorporación a las pautas específicas de la conducta manifiesta.   …..  La meta de obtener respuestas favorables de quienes nos rodean va unida a todos y cada uno de los objetivos más inmediatos y específicos del individuo, y ninguna pauta de conducta será totalmente afortunada y  recompensadora si no sirve para lograr ambos.[1]

 

Cómo se puede apreciar Linton parece sugerir que los valores controlan la conducta de una manera automática a través de los estados emocionales que provocan su violación.  Además sugiere que el individuo incorpora estos valores debido al sistema de castigos y recompensas para los que actúan en contra de los valores o a favor de los valores.  Es decir, el reconocimiento de los demás miembros de la sociedad a las personas que actúan o se comportan en concordancia con el cumplimiento de los valores es la recompensa que, según Linton, desea el individuo y lo incita o estimula para que instale e incorpore en su psiquis el valor.  De igual forma, el rechazo o desaprobación de los demás miembros de la sociedad a las personas que no actúan o se comportan en concordancia con el cumplimiento de los valores es el castigo que evita el individuo y lo incita o estimula para que instale e incorpore en su psiquis el valor.   Parece coincidir con Merton en que rechazar o castigar al que viola las normas y darle reconocimiento y aceptación al que las cumple, tiene el efecto de instalar valores. 

 

El sociólogo norteamericano Robert K.  Merton, entre otros, empleo el término anomia social.  Merton nos habla de la estructura social y del nivel de anomia que puede haber en ella.  El término estructura se define o se refiere a la relación entre las partes de un todo y cómo estas partes a través de la relación contribuyen a alcanzar los objetivos, metas, propósitos del todo.  En este sentido el término organismo tiene el mismo significado que el de estructura.  La estructura social se define, pues, como la configuración de la organización interna de cualquier grupo social.  La estructura social es el organigrama que explica la relación entre las partes que hacen posible la vida colectiva o en sociedad.  Se presupone que la vida en sociedad tiene unos fines (objetivos, metas, propósitos) y que las distintas partes que componen esa sociedad deben contribuir a los propósitos o fines de esa sociedad.

 

Según la teoría sociológica de Merton, esbozada en su ensayo “Estructura Social y Anomia”, entre los elementos que componen lo que se denomina como la estructura social hay dos de gran importancia.  El primero consiste de las metas y los objetivos legítimos que los individuos pueden y deben aspirar a alcanzar.  Los que alcanzan dichas metas reciben reconocimiento y prestigio.  Las metas de la cultura son aquellas cosas por las que vale la pena esforzarse.  Por ejemplo, ser rico, ser poderoso, ser culto (contar con educación universitaria) etc..  Las metas están integradas y ordenadas siguiendo una jerarquía de valores.

 

El segundo elemento de la estructura social determina las reglas que se habrán de emplear para alcanzar las metas culturales.  Estas reglas toman forma concreta en los mores e instituciones que regulan la conducta en sociedad.  Por ejemplo, unas reglas que en la generalidad de las sociedades hay que seguir para alcanzar la meta socialmente legítima de ser rico es no cometer fraudes, estafas, ser honesto en las transacciones que se realizan, no emplear la fuerza o la violencia para lograr sus objetivos, no extorsionar, no matar, no mentir, etc..  Normalmente estas reglas están contenidas en los mores, leyes e instituciones sociales y también están integradas, es decir, deben guardar consistencia.  Según Merton, la anomia social surge cuando las normas de conducta (valores) que la sociedad establece como reglas para alcanzar las metas sociales, como por ejemplo ser rico, no están integradas a las metas.  Es decir, para ciertos sectores de la sociedad las metas son inalcanzables siguiendo las normas.  Por consiguiente, la anomia social surge cuando los individuos se ven incitados a violar las normas para poder llegar a las metas.  También la anomia social surge, según Merton, cuando la cultura le da más importancia al logro de las metas (los valores que definen las metas) que a las normas sociales o reglas para alcanzar las metas legítimamente (valores que definen las normas sociales).  Bajo tales circunstancias, cuando los grupos sociales aceptan al que logra las metas sociales, aunque mate, extorsiones, use la violencia, comenta fraude, sea deshonesto, robe, mienta, etc., se fomenta el estado de anomia social.  Merton emplea el término anomia social para explicar las desviaciones de las normas sociales en la sociedad norteamericana en distintos grupos. 

 

 

¿Cómo la Sociedad Puede Integrar las Metas Sociales a las Normas Sociales?

 

La teoría sociológica en general no presenta respuestas claras a esta pregunta.  Más bien se insinúan.  Merton presenta una postura crítica en contra de lo que él considera una de las causas de la anomia social en la sociedad norteamericana.  El ubica una de las causas de la anomia social en la falta de rechazo, por parte de la sociedad, del que viola las normas para alcanzar las metas.  En relación a eso Merton nos dice, citando a Ambrose Bierce:

 

Si se les negara reconocimiento social a los tunantes su número se reduciría.  Algunos tratarían de ocultar más cuidadosamente sus maldades, pero a otros les dolería tanto la conciencia que renunciarían a las desventajas del pillaje y optarían por vivir una vida honrada.  …………..

Tenemos tunantes ricos porque existen personas respetables que no tienen escrúpulos es ofrecerles su amistad; ni en ser vistos con ellos; ni en aceptar que la conocen.

………………..  El pueblo americano será objeto de saqueo mientras el carácter americano siga siendo como es; mientras tolere a pillos afortunados;……

 

Vemos, pues, que la sugerencia de Merton parece ser darle más importancia o énfasis a las normas sociales por medio de incitar el rechazo y la desaprobación del que viola las normas (leyes) de conducta.

 

A pesar del pesimismo de Merton con respecto al poco rechazo de la sociedad norteamericana para el que delinque, se observa sin embargo que las instituciones funcionan en mucho mayor grado que las instituciones en los países subdesarrollados.  Es más difícil sobornar un policía, un fiscal, un juez, o un carcelero en Estados Unidos que en un país del tercer mundo.  En consecuencia, a pesar del pesimismo de Merton, aparentemente este rechazo al que delinque por parte de los individuos en la sociedad norteamericana ha sido suficientemente fuerte como para hacer que las instituciones del sistema de justicia criminal fusionen.

 

Por el contrario, en los países del tercer mundo el estado de anomia social es tan grande que resulta imposible generar internamente la dinámica para revertir este estado de anomia

 

Estamos de acuerdo con lo dicho por Merton y Linton con respecto a la forma en que se pueden instalar valores en los miembros de la población, pero le añadimos la siguiente corrección:  el rechazo o la aprobación del la conducta del individuo tiene que provenir de personas o grupos que sean significativos para el individuo.  Es decir, aquellas personas o grupos que el individuo respete o admire y del cual desee su aprobación. Enfatizamos que dichas personas o grupos significativos son los padres, maestros, líderes religiosos, amigos y compañeros de trabajo. 

 

La pregunta que surge es: ¿cómo se puede instalar valores en la psiquis de los individuos cuando no podemos ni tenemos la potestad para ordenarle a los padres, a los sacerdotes, a los amigos del individuo, que rechacen la conducta del individuo que no actúa en función de los valores y le den reconocimiento a los que actúan en función de los valores?  En ausencia de esa potestad hay que recurrir a las instituciones del sistema de justicia criminal para castigar a que viola las normas o valores sociales especificados en las leyes del país.  El aparato de justicia criminal se constituye en el garante de los valores sociales expresados a través de las leyes.  No obstante, para que esto sea así y el aparato de justicia criminal asuma esa responsabilidad de instalar valores, los individuos en el sistema de justicia criminal tienen que tener valores instalados en su psiquis.  Es decir, los policías, jueces, fiscales, etc. tienen que tener valores instalados.  Para que esto sea así los individuos en el sistema de justicia criminal tienen que ser extraídos de una población que tenga valores instalados. 

 

 

Algunas Consideraciones Teóricas en Cuanto a Qué Son y Cómo Funcionan las Actitudes y los Incentivos

 

Hay varios mecanismos que determinan la conducta. En el libro "Hacia Una Reformulación De La Psicología Contemporánea: La Teoría De Los Senergicones" se discuten en detalle los mecanismos que determinan la conducta. Dos de ellos tienen particular relevancia en este escrito. Uno es el mecanismo de las actitudes que se discute en el capítulo 2 del libro citado y el otro es el mecanismo de los incentivos que se discute el capítulo 8.

 

Una actitud se forma cuando se instala en la psiquis del individuo un valor de la sociedad. Un valor de la sociedad es una valorización o clasificación de un objeto concreto o abstracto en términos de dos categorías posibles: malo o bueno, positivo o negativo. Los valores sociales conllevan comportamientos individuales ante objetos concretos o abstractos que cuando todos los miembros de la sociedad los realizan, siguen o cumplen, redundan en un mayor bienestar para el colectivo, o sea, para la totalidad del grupo o sociedad. Los valores instalados en la psiquis de los individuos son los que tienen la capacidad de activar emociones y, por consiguiente, afectar la conducta (las actitudes correctas).

 

Por consiguiente, una actitud es o se puede definir como el conjunto de reacciones que ocurren en el individuo al enfrentarse a un objeto concreto o abstracto y que determina su conducta ante el objeto. Es decir, determina lo que siente, piensa y hace el individuo respecto al objeto. Este conjunto de reacciones hacia el objeto abstracto “el trabajo”, “la corrupción”, “la honestidad”, “la justicia”, etc. o concreto, “la persona trabajadora”, “la persona corrupta”, “la persona deshonesta”, “la persona injusta”, etc. tiene su origen en fenómenos psíquicos inconscientes. Una actitud ante un objeto abstracto o concreto es el resultado de uno o más valores instalados en la psiquis del individuo hacia dicho objeto abstracto o concreto. Un valor instalado en la psiquis de un individuo es aquel que activa uno o más estados emocionales cuando el individuo es enfrentado con el objeto concreto o abstracto que ha sido valorizado, es decir, aquel valor cuya violación activa uno o más estados emocionales.

 

Un incentivo es o se puede definir como un objeto concreto abstracto que tiene la capacidad de activar estados emocionales y afectivos en el individuo, los cuales sirven para energizar o motivar la conducta de ese individuo, no ante dicho primer objeto que activa directamente el estado emocional o afectivos, sino la conducta ante otro segundo objeto concreto abstracto con el cual el primer objeto está relacionado.

 

En forma somera podemos decir que la conducta ante un objeto concreto abstracto que está determinada por actitudes es energizada o motivada por estados emocionales y afectivos activados por los valores que tenga el individuo instalados en su psiquis con respecto al dicho objeto concreto o abstracto. Por el contrario, la conducta ante un objeto concreto o abstracto que está determinada por incentivos es energizada o motivada, no por los estados emocionales y afectivos que le pueda activar dicho objeto, sino por los estados emocionales y afectivos activados por otros objetos concretos o abstractos a los que se le llama incentivos. Los incentivos son objetos concreto o abstractos valorizados y, por lo tanto, tienen la capacidad de activar estados emocionales y afectivos en el individuo. Por ejemplo, el oro, el dinero, el reconocimiento de una figura significativa, etc. son objetos, algunos concretos y otros abstractos, valorizados positivamente. El castigo, el rechazo o desprecio de una figura significativa, etc. son objetos abstractos valorizados negativamente. La mayoría de los individuos en la sociedad tienen estos valores sobre estos objetos concretos o abstractos instalados en su psiquis. En consecuencia, su conducta ante ellos es el resultado de una actitud. Es decir, su conducta ante el oro, el dinero, el reconocimiento de las figuras significativas como objetos está orientada de forma automática por los estados emocionales activados por dichos objetos. Dichos objetos valorizados se convierten en incentivos cuando energizan la conducta hacia otros objetos no valorizados por el individuo, pero que están relacionados con dichos objetos valorizados. Por ejemplo, un individuo puede conocer los valores básicos de la sociedad con respecto a los objetos abstractos mentir o robar. Es decir, el individuo puede saber que mentir es malo y robar es malo. No obstante, ese individuo puede no tener instalados dichos valores en su psiquis y, en consecuencia, no responder ante la violación de dichos objetos abstractos valorizados con la activación de la emoción vergüenza. En consecuencia, puede mentir y robar sin que le dé vergüenza (a pesar de que conoce los valores de que mentir y robar es malo) debido a que no tiene dichos valores instalados en su psiquis. Sin embargo, ese individuo puede abstenerse de mentir y robar debido a algún incentivo. Es decir, los objetos mentir o robar puede asociarse con objetos que sí están valorizados positiva o negativamente, como por ejemplo el dinero o el castigo. De esa manera el individuo puede abstenerse de mentir o robar debido a que se le recompense con dinero al no hacerlo o se le castigue cuando lo hace. En este caso su conducta no es el resultado de una actitud ante los objetos abstractos mentir o robar, sino el resultado de los incentivos producidos por otros objetos concreto o abstractos que sí están valorizados.

 

Puede ocurrir también que un individuo tenga instalado en su psiquis el valor de que robar es malo y, en consecuencia, le dé vergüenza ser sorprendido robando. No obstante, a medida que el incentivo se hace más grande, es decir, a medida que la emoción gratificante del objeto que sirve como incentivo se hace más intenso, puede llegar a ser mayor que la intensidad de la emoción vergüenza y, en consecuencia, el individuo se ve incitado a robar, arriesgándose a ser sorprendido y ser castigado por la emoción vergüenza. Es decir, si se trata de un incentivo de 20 o 30 dólares, no robará pues la intensidad de la emoción gratificante de tener 20 o 30 dólares no es suficientemente intensa para contrarrestar la intensidad de la emoción vergüenza que sentiría si es sorprendido robando. No obstante, si se trata de 2 o 3 millones de dólares quizás se rinda ante la tentación del incentivo, aunque se muera de vergüenza si llega a ser sorprendido. Es por eso que muchos funcionarios honestos al caer en la tentación y ser sorprendidos robando terminan suicidándose por la vergüenza.

 

 

La Jerarquía de los Valores y la Magnitud del Castigo a sus Violadores

 

En nuestro tópico anterior vimos que toda sociedad tiene un derecho natural a regular la conducta sexual de sus miembros.  En consecuencia, tiene perfecto derecho a determinar si la homosexualidad, el incesto, la pérdida de la virginidad, etc. es algo malo, vergonzoso, denigrante, etc.  Privarla de ese derecho es privarla de un derecho natural para establecer lo que es moral.  Obsérvese que no estoy diciendo que la homosexualidad sea mala.  Es posible que lo deseable fuera que todos fuéramos homosexuales, al igual que es posible que lo deseable fuera que la virginidad como valor no existiera.  Lo que señalo es que la sociedad tiene un derecho natural a regular la conducta sexual de sus miembros y a determinar por este medio lo que es bueno y lo que es malo; es decir, determinar lo que es moral.

 

Ahora bien los valores que establece la sociedad para regular la conducta social del individuo no tienen todos la misma importancia.  Es por ello que las normas de conductas que surgen de ellos no tienen todas la misma importancia.  Mientras más importante es un valor mayor es el castigo que la sociedad impone por su violación.  Por ejemplo, el matar se considera tan malo que la sociedad castiga severamente a su violador, encerrándolo para toda la vida y a veces sentenciándolo a muerte.  El robar es muy malo pero no tanto como matar, por eso los castigos son menos severos.  El incesto se considera malo y se castiga no tan severamente como matar.  El no conocer las normas de etiqueta al vestir o sentarse en una mesa o comer se considera poco malo y se castiga con la burla, el rechazo, el ostracismo social.  La homosexualidad se considera poco malo y se castiga con la burla, el rechazo y el ostracismo social.

 

En la teoría sociológica esta jerarquización que hace la sociedad de sus normas sociales es conocida y se le clasifica como:  1.  Costumbres,  2.  Mores.

 

El que se le dé poca importancia a un valor no quiere decir que no juegue ninguna función social.  Lo que implica es que su violación no afecta grandemente al colectivo.  No obstante, es útil y práctico que las personas sepan cómo comportarse al sentarse en una mesa.  El chasquear la comida o comer con la boca abierta puede ser desagradable a los demás.   En consecuencia, si todos cumplen esta norma la comida se hace más placentera.  Si por el contrario todos deciden hablar con la boca llena la comida puede ser algo muy desagradable y quizás nauseabunda.  En consecuencia, el que habla con la boca llena no se le mata ni se le manda a la cárcel, tan sólo se le rechaza o se hace mofa de él.

 

Si todo el mundo es homosexual es posible que la sociedad sufra un aumento significativo en las enfermedades venéreas y una reducción notable en la natalidad.  Si tan sólo unos cuantos lo hacen el problema no es tan grave.  Es por eso que las formas de castigo social por su violación son laxas y sólo incluye la burla o el rechazo.

 


[1] El subrayado es provisto.

 

 

El Científico Social

 

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